Razón y verdad: Sobre la humanidad en tiempos de oscuridad. – Hannah Arendt

El tema de los “dioses limitados”, de las limitaciones del entendimiento humano, limitaciones que la razón especulativa puede señalar y, por lo tanto, trascender, se convirtieron en el gran objeto de las críticas de Kant. Pero sea lo que fuere que las actitudes de Kant puedan tener en común con las de Lessing (de hecho tienen mucho en común), los dos pensadores diferían en un punto decisivo. Kant se dio cuenta de que no puede haber una verdad absoluta para el hombre, por lo menos no en un sentido teórico. Por cierto que habría estado preparado a sacrificar la verdad ante la posibilidad de la libertad humana; pues si poseyéramos la verdad no podríamos ser libres. Pero no habría estado de acuerdo con Lessing acerca de que la verdad, si realmente existía, podía ser sacrificada sin duda alguna a la humanidad, a la posibilidad de la amistad y del discurso entre los hombres. Kant sostenía que existe un absoluto, el deber del imperativo categórico que está por encima de los hombres es decisivo en todos los asuntos humanos y no puede infringirse ni siquiera por el bien de la humanidad en cada uno de los sentidos de la palabra. Los críticos de la ética kantiana han denunciado con frecuencia que esta tesis es inhumana y despiadada. Sean cuales fueren los méritos de sus argumentos, es innegable la inhumanidad de la filosofía moral de Kant. Y esto es así porque el imperativo categórico está postulado como absoluto y su carácter de absoluto introduce al mundo interhumano (que por su naturaleza consiste en relaciones) algo que está en contra de su relatividad fundamental. La inhumanidad que está unida al concepto de una sola verdad surge con una particular claridad en el trabajo de Kant porque intentó basar la verdad en la razón práctica; es como si él, que señaló de manera tan inexorable los límites cognoscitivos no soportara pensar que tampoco en la acción el hombre puede comportarse como un dios.
Lessing, sin embargo, se alegraba de lo único que siempre molestó a los filósofos (al menos desde Parménides y Platón): que la verdad, en cuanto se la dice, se transforma de inmediato en una opinión entre muchos, se la discute, se la reformula y se la reduce a un sujeto de discurso entre otros. La grandeza de Lessing no consiste meramente en el discernimiento teórico de que no puede haber una sola verdad dentro del mundo humano sino en su alegría de que no exista y que, por lo tanto, el interminable discurso entre los hombres jamás cesará mientras el hombre siga existiendo.
En la actualidad nos resulta difícil identificarnos con el dramático, aunque no trágico conflicto de Nothon el Sabio, como fue la intención de Lessing. Esto se debe en parte a que en relación con la verdad se ha convertido en una cosa común ser tolerantes, aunque por razones que nada tienen que ver con las razones de Lessing. Aun hoy, alguien podría establecer la cuestión al estilo de la parábola de Lessing de los tres anillos, como por ejemplo, en el magnífico manifiesto de Kafka:

“Es difícil hablar de la verdad, pues aunque sólo haya una verdad, ésta está viva y por lo tanto posee un rostro vivo y cambiante”.

Sin embargo, aquí tampoco se dice nada del punto político de la antimonia de Lessing, es decir, el posible antagonismo entre la verdad y la humanidad. Hoy en día, es raro encontrar personas que se crean dueñas de la verdad; sin embargo, nos enfrentamos constantemente a personas que están seguras de tener razón. La distinción es clara: la cuestión de la verdad en la época de Lessing era una cuestión de filosofía y religión, mientras que nuestro problema sobre tener la razón surge dentro del marco de la ciencia y siempre se decide por una forma de pensamiento orientada hacia la ciencia. Al decir esto ignoraré la cuestión de si este cambio en las formas de pensamiento ha demostrado ser para nuestro bien o no. El simple hecho es que aun los hombres que son totalmente incapaces de juzgar los aspectos específicamente científicos de un argumento están tan fascinados por la precisión científica como lo estaban los hombres del siglo XVIII con la cuestión de la verdad. Y por extraño que parezca, el hombre moderno no ha perdido su admiración por la actitud de los científicos, quienes, mientras están procediendo de manera científica, saben muy bien que sus “verdades” nunca son finales sino que sufren continuas revisiones radicales a través de la investigación viva.
A pesar de la diferencia entre las nociones de poseer la verdad y tener razón, estos dos puntos de vista tienen algo en común: aquellos que adoptan uno u otro por lo general no están preparados a sacrificar su punto de vista a la humanidad o la amistad en caso de conflicto. De hecho creen que hacerlo violaría un deber importante, el deber de la “objetividad”; de modo que si aun en ocasiones realizan este sacrificio no sienten que. actúan por la conciencia sino que incluso se sienten avergonzados de su humanidad y se sienten culpables por ello. En términos de la época en la que vivimos, y en términos de las muchas opiniones dogmáticas que dominan nuestro pensamiento, podemos traducir el conflicto de Lessing en uno más cercano a nuestra propia experiencia, al demostrar su aplicación a los doce años y a la ideología predominante del Tercer Reich.
Por el momento, señalemos el hecho de que la doctrina racial de los nazis no es demostrable en principio porque contradice la “naturaleza” del hombre. (A propósito, vale la pena señalar que estas teorías “científicas” no fueron una invención de los nazis y ni siquiera una invención específicamente alemana). Pero por el momento, supongamos que se hubiese podido probar de manera convincente las teorías raciales. Pues no puede negar que las prácticas conclusiones políticas que los nazis extrajeron de estas teorías fuesen perfectamente lógicas. Supongamos que pueda demostrarse, a través de una innegable evidencia científica, que una raza es inferior; ¿eso justifica su exterminio? Sin embargo, la respuesta a esta pregunta sigue siendo demasiado fácil porque podemos invocar el “No matarás”, que de hecho se ha convertido en el mandamiento fundamental del pensamiento legal y moral de Occidente desde la victoria del Cristianismo sobre la antigüedad. Pero en los términos de una manera de pensar que no está dirigida por ninguna censura legal, moral o religiosa (y el pensamiento de Lessing era tan libre como lo era “libre y cambiante”), la pregunta debería plantearse de la siguiente manera:

Una doctrina así, por convincente que fuera, ¿vale el sacrificio de algo tan importante como la simple amistad entre dos hombres?

Así hemos regresado a mi punto de partida, a la sorprendente falta de “objetividad” en la polémica de Lessing, a su parcialidad siempre vigilante, que no tiene nada que ver con la subjetividad pues siempre está formulada no en términos del ser sino en términos de la relación de los hombres con su mundo, en términos de sus posiciones y opiniones. Lessing no habría tenido ninguna dificultad para responder a la pregunta que acabo de plantear. Ningún discernimiento en la naturaleza del Islam, del Judaismo o del Cristianismo habrían evitado que entablara amistad y el discurso de amistad con un mahometano convencido, un judío piadoso o un cristiano creyente. Cualquier doctrina que negara en principio la posibilidad de la amistad entre dos seres humanos habría sido rechazada por su conciencia libre e infalible. Se habría puesto de inmediato del lado humano y despachado de inmediato la discusión erudita o no en cualquiera de los campos. En eso consistía la humanidad de Lessing.
Segmento del libro: “Hombres en tiempos de oscuridad”, Hannah Arendt. 1968. Capítulo 1. Sobre la humanidad en tiempos de oscuridad. Reflexiones sobre Lessing
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s