¿Cómo surgen las explicaciones científicas?

«Una explicación siempre es una proposición que reformula o recrea las observaciones de un fenómeno en un sistema de conceptos aceptables para un grupo de personas que comparten un criterio de validación» (Maturana & Varela, 1986, p. 22)

 

En el deseo que tenemos los hombres para explicar el mundo o las cosas que nos rodean, proponemos varios caminos u opciones. Maturana & Varela (1986) señalan cuatro condiciones que deben ser satisfechas para que una explicación sea científica, aunque no necesariamente en el orden secuencial que se expone, sino en un orden imbricado:

 

  1. A) Descripción del o de los fenómenos a explicar de una manera aceptable para la comunidad de observadores.

 

  1. B) Proposición de un sistema conceptual capaz de generar el fenómeno a explicar de una manera aceptable para la comunidad de observadores (hipótesis explicativa).

 

  1. C) Deducción a partir de B de otros fenómenos no considerados explícitamente en su proposición, así como la descripción de sus condiciones de observación de la comunidad de observadores.

 

  1. D) Observación de estos otros fenómenos deducidos de B.

 

Estas proposiciones establecidas por estos autores acerca de la explicación científica es la que nos permite entender el «conocer como acción efectiva» que realizamos constantemente en el desarrollo cotidiano, en el vivir cada día. La diferencia entre la magia y el conocimiento científico (ciencia), como sistemas explicativos, está en que la explicación científica genera un sistema explicativo que constituye su criterio de validación. El criterio de validación propuesto es el que ayuda a distinguir un conocimiento vulgar (doxa) y una explicación vulgar, de un conocimiento científico (episteme) y una explicación científica. Estos pasos establecidos no pueden ser ajenos al pensar cotidiano y suelen ser utilizados en múltiples ocasiones cuando damos explicaciones de una avería casera, o cuando hablamos acerca de un proceso de enseñanza. El pensamiento científico, en este caso, lo que hará será hacer consistentes y explícitos cada uno de los pasos y dejarlos registrados documentalmente con el fin de que otras personas puedan generar nuevos conocimientos a partir de la tradición acumulada. La acción conducente al conocimiento de las cosas, consigue su status de conocimiento científico en la medida que acercamos la experiencia de nuestro mundo a nuestra comprensión y somos capaces de explicar científicamente aquello que conocemos. La idea de pensar de modo reflexivo (Dewey, Husserl) acerca de lo que hacemos es lo que convierte la acción en una consecuencia argumental capaz de generar[(se) (auto)]conocimiento.

 

 

Maturana (1992, 1994), a partir de sus aportaciones en el campo de la biología y en los sistemas cognitivos, como sistemas autopoiéticos (capaces de generarse a sí mismos), es un defensor de los sistemas auto-observadores (sistemas que pueden reconocerse y ser observados por quienes lo forman; p.ej., la educación).

 

 

Este autor señala que en la vida cotidiana ante una pregunta que nos demanda la explicación de una experiencia (situación o fenómeno) particular, respondemos siempre proponiendo una reformulación de esa experiencia (situación o fenómeno) en los términos de otras experiencias diferentes de las utilizadas en la formulación original de la pregunta. Si la reformulación es aceptada como tal por la persona que nos plantea la cuestión, se convierte ipso facto en una explicación, y la pregunta, así como el deseo de preguntar desaparecen. En otras palabras, «las explicaciones son proposiciones presentadas como reformulaciones de experiencias que son aceptadas como tales por un interlocutor en respuesta a una pregunta que requiere una explicación» (1994, p. 166). Anteriormente se han señalado cuatro condiciones necesarias para que las explicaciones científicas (episteme) sean consideradas como tales (criterio de validez de las explicaciones científicas), a diferencia de otro modo de conocer (magia). Los siguientes puntos son consecuencias e implicaciones para la comprensión de lo que hacemos cuando hacemos ciencia, a través de la aplicación del criterio de validez de las explicaciones científicas:

 

– Las explicaciones en general, como reformulaciones de experiencias aceptadas como tales por un observador, no reemplazan y no se espera que reemplacen, las experiencias que explican; sólo representan las condiciones operacionales del ámbito de experiencias del observador bajo las que éste afirma que surge la experiencia explicada.

 

– Las explicaciones científicas surgen como acciones humanas actuales en el ámbito de experiencias de los observadores estándar individuales, y son válidas como tales en una comunidad de observadores incluso si cada observador estándar, como sistema vivo, vive sus experiencias en la soledad total de sus determinismos estructurales.

 

– Las explicaciones científicas se producen como tales en el ámbito de las experiencias del observador estándar, y el ámbito del determinismo estructural en el que se producen pertenece al área de las coherencias operacionales de la praxis de vida del observador estándar en las que éste las propone: una explicación científica sólo opera en el área del determinismo estructural en la que es propuesta.

 

– Las explicaciones científicas, en tanto proposiciones de mecanismos generadores que hacen surgir, como consecuencia o resultado de su funcionamiento, las experiencias (fenómenos) a explicar, no operan y no pueden operar constitutivamente como reducciones fenoménicas ni pueden hacerlas surgir.

 

– Las explicaciones científicas, aun cuando proposiciones mecanicistas, no restringen su uso de ser utilizadas para explicar fenómenos que parecen no mecanicistas (auto-conocimiento) o abstractos. – Las explicaciones científicas sólo pueden ser utilizadas para explicar sus experiencias al reformularlas con otras experiencias.

 

– Las explicaciones científicas pertenecen a la praxis de vida en la vida diaria del observador estándar como ser humano.

 

 

 

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Referencias bibliográficas.

 

-Maturana, Humberto R. (1992). Todo lo dice un observador. En W.I. Thompson (Ed.), Gaia: Implicaciones de la nueva biología (pp. 63-79), 2ª ed. Barcelona: Kairós.

 

– Maturana, Humberto R. (1994). La ciencia y la vida cotidiana: La ontología de las explicaciones científicas. En P. Watzlawick & P. Krieg (Comps.), El ojo del observador: Contribuciones al constructivismo (pp. 157-194). Barcelona: Gedisa.

 

– Maturana, Humberto R., & Varela, Francisco J. (1986). El árbol del conocimiento. Santiago de Chile: Universitaria. [Edición española en Editorial Debate, Madrid, 1990]. Recursos documentales – González, Wenceslao J. (2002). Diversidad de la explicación científica. Barcelona: Ariel. [Web de la Editorial Ariel]

 

– Osorio, Francisco (1998). La explicación en antropología. Cinta de Moebio, 4. Disponible en http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=10100409

 

Autor: Luis Carro

En: http://www.feyts.uva.es/ped/metodos/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=108

 

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