La violencia y el miedo en la Postmodernidad

En general, la violencia parece estar asociada a la agresividad, pero cuando uno examina con paciencia y exhaustividad este tema se da cuenta que no son lo mismo. En los últimos años Medio Oriente se ha convertido en una zona donde predomina la violencia. Desde la fundación del Estado de Israel, luego de finalizada la segunda Gran Guerra, Occidente ha sido testigo de la cruda disputa territorial entre musulmanes y judíos. Sin embargo, con los atentados del 11-09 el tema parece haber tomado urgencia pública de una manera extraordinaria. El mal llamado terrorismo y la lucha que pretende erradicarlo parecen dos caras de la misma moneda. Dentro de este contexto turbulento, S. Zizek escribe que una de las maneras de poder separar el discurso ideológico de la realidad es rechazar la realidad así como esta se nos presenta.

La violencia bajo el prisma de S. Žižek

En uno de sus últimos trabajos, sobre la Violencia: Seis Reflexiones Marginales, Žižek considera que la imposición simbólica de nuestras preferencias se constituye como la principal causa de violencia. ¿Por qué la muerte de un niño estadounidense vale más que mil congoleses?, es la pregunta que disparará a lo largo de su libro, una curiosa, fogosa y controvertida discusión acerca de cómo se estructura la violencia en las sociedades. Dos tipos de violencia coexisten en nuestra vida cotidiana, la violencia simbólica ejercida por la exclusión que denota el lenguaje y la sistémica cuya dinámica se encuentra enraizada en el funcionamiento de la economía y la política. La simpatía por las víctimas de la violencia, la caridad y otros artefactos similares ponen en evidencia, que nuestra visión moderna de lo que es violento o no lo es, se encuentra muy sesgada.

En palabras del propio Žižek con respecto al horror que despierta la violencia:

“Mi premisa subyacente es que hay algo inherentemente desconcertante en una confrontación directa con él: el horror sobrecogedor de los actos violentos y la empatía con las víctimas funcionan sin excepción como un señuelo que nos impide pensar. Un análisis conceptual desapasionado de la tipología de la violencia debe por definición ignorar su impacto traumático” (Žižek, 2009: 12).

Žižek llama a no implicarse en la “falsa urgencia”; una tragedia como puede ser el último terremoto de Haití o incluso el de Chile conlleva a implicarse con ayuda “humanitaria”, “donaciones” y apoyo financiero a los afectados, pero paradójicamente lejos de lograr un verdadero desarrollo, el sistema consigue replicar ciertos desajustes materiales que llevaron al desastre. De igual forma, Žižek considera que los empresarios capitalistas encerrados en la virtualidad de su lujo apelan constantemente a las infamias de este mundo como ser la pobreza, la calamidad, el hambre etc. No obstante, dentro de sus intereses no se encuentra la verdadera asistencia sino la sumisión (Fernández-Montt y Korstanje, 2010). Una empresa moderna que pone un cartel aduciendo que con cada compra uno ayuda a combatir el hambre en Tanzania, parece no estar interesada en el hambre en sí, sino en incrementar sus ganancias. En parte, uno debería cuestionarse ¿cuan ético es el capitalismo? Con la caridad y el romanticismo, nos recuerda Adela Cortina, el capitalismo reconduce las emociones humanas dentro de una lógica de consumo cerrada (Cortina, 2002). Después de todo parece haber cierto cinismo en la caridad moderna.

S.O.S violencia

El capítulo primero se encuentra estructurado inicialmente en cuanto a una distinción conceptual sobre lo que representa la violencia objetiva y subjetiva. Ésta última es ejercida a diario por un sinnúmero de actores sociales y por los aparatos del Estado sobre una ciudadanía que constantemente es manipulada con el fin de adormitar su actitud crítica. A la vez que cada vez más personas hablan de violencia, pocos y cada vez menos se preguntan críticamente ¿qué es, cómo opera y a quienes beneficia la violencia? Si la violencia subjetiva permite la demonización de quien la ejerce, la violencia objetiva parece estar enraizada dentro de los orígenes mismos del sistema capitalista.

Al respecto Žižek es más que claro cuando enfatiza:

“el destino de un estrato completo de población, o incluso de países enteros, puede ser determinado por la danza especulativa solipsista del capital, que persigue su meta del beneficio con la indiferencia sobre cómo afectará dicho movimiento a la realidad social…es la danza metafísica autopropulsada del capital lo que hace funcionar el espectáculo, lo que proporciona la clave de los procesos y las catástrofes en la vida real. Es ahí donde reside la violencia sistémica fundamental del capitalismo, mucho más extraña que cualquier violencia directa socio-ideológica precapitalista: esta violencia ya no es atribuible a los individuos concretos y sus malvadas intenciones, sino que es puramente objetiva, sistémica, anónima” (Žižek, 2009: 23).

Una de las características de la ideología es precisamente la inversión entre lo real y lo ideal de una manera en que el sujeto no pueda notar la diferencia. La ideología, en el sentido de Žižek, no trabaje necesariamente como una “falsa consciencia” sino como un sueño (Žižek, 2008) que desdibuja la realidad de la ficción. Su eficacia no se encuentra en lo que explícitamente admite o dice, sino precisamente en lo que oculta en su exceso de realidad. Se demonizan los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictaduras fascistas y comunistas, pero poco se aclara acerca de los genocidios perpetrados durante la era del capital y en su nombre. La tragedia de México del siglo XVI o el holocausto del Congo Belga son idealmente construidos como eventos que sucedieron de manera local como si “nadie” los hubiera planeado, eventos objetivos los cuales se desencadenan anclados en una idea de “salvajismo local” que de “cinismo industrial”. Es decir, la hipocresía de los Imperios conlleva una doble dinámica, por un lado, hacen uso y abuso de su hegemonía por medio de la acción coactiva y la expropiación de los recursos locales a la vez que recuerdan a “los dominados” todo el tiempo que todos los problemas de su sociedad se deben a su propio salvajismo “innato” y no a la expoliación de los dominadores. Al ejemplo de Leopoldo II de Bélgica y la masacra Congolesa puesta por Žižek, se le añaden miles más como ser el último premio Novel de la Paz otorgado paradójicamente a quien mantiene ilegalmente a sus ejércitos en Medio Oriente. Coincidimos con Žižek que los Imperios parecen tener rumbos e intereses extraños.

La pregunta de si ¿puede un liberal convertirse en comunista? en el trabajo de referencia toma un carril bastante limitado. Una de las secciones del capítulo primero se encuentra dedicado a lo que Žižek denomina “los comunistas liberales”, jóvenes empresarios capitalistas quienes disfrutan de la caridad y el trabajo cooperativo en el “tercer mundo”. Personas, sinceras o no, que se han dado cuenta (el autor cita a Bill Gales o a Georges Soros) de nada sirve tanta riqueza en un mundo que debate problemas de miseria profundos. Estos personajes representan el punto de convergencia entre las fallas propias del capitalismo las cuales conllevaron en épocas pasadas al resentimiento y a la lucha social, y la propia reproducción del capital. Ello sugiere la idea que el capitalismo post-moderno requiere de la caridad como para poder reproducirse asimismo en forma “extra-económica”. En este sentido, se torna capital el papel que juega el miedo en el proceso de globalización conocido como postmodernidad.

Sobre el Miedo en la Postmodernidad

La Aldea (The Village, 2004), película dirigida por Night Shyamalan cuya crítica no ha sido muy desfavorable, puede ser un caso de análisis que represente el rol del miedo en la modernidad tardía. Describe Zizek que una de las características de este film se encuentra ligado a los siguientes puntos:

1) Los habitantes de la Aldea se encuentran aislados del mundo exterior.

2) Existe una serie de peligros y monstruos en el bosque a los cuales los aldeanos llaman “aquellos de los que no hablamos”.

3) El conflicto nace cuando Hunt, el protagonista, es herido de muerte por el “idiota del pueblo”, hecho que obliga a Ivy (hija del líder del pueblo) a atravesar el bosque en búsqueda de medicamentos.

4) Finalmente, se desenmascara la trama cuando queda en evidencia que los protagonistas no viven en el siglo XIX, sino en pleno siglo XX simplemente alejados de la vida urbana producto de un grupo de autoayuda conformado por excéntricos millonarios que han dejado la ciudad para radicarse en Pensilvania.

Para Žižek:

“En la película late de modo subyacente el deseo de recrear un universo cerrado de autenticidad en que la inocencia está resguardada de la fuerza corrosiva de la modernidad. Es acerca de cómo evitar que tu inocencia sea herida por las criaturas que aparecen en tu vida; el deseo de proteger a tus hijos al adentrarse en lo desconocido. Si bien estas criaturas te han herid, no quieres que hieran a tus hijos, y la generación más joven puede correr ese riesgo” (Žižek, 2009: 38).

En este sentido, el horror del mundo exterior se presenta como legitimador del orden endógamo. Existen dos universos que se contraponen, la abierta sociedad del riesgo donde todo es posible y la sociedad del sentido, cerrada autorreferencialmente resguardado de “monstruos” y utópico. La figura del mal, en este espacio, no es eliminada completamente, sino que mediatiza con la sublimación de una tregua temporal en la cual se mantiene el constante estado de emergencia. Ello sugiere que lo auténtico sólo es posible mediante “amenaza permanente”. El mal mismo refuerza la solidaridad interna del grupo y la autoridad de los ancianos de la tribu. El discurso de La Aldea se hace realidad en nuestro mundo. Nuestras sociedades temen a los males externos como residuos míticos propios de su fundación. La huida del hombre moderno de lo urbano hacia la autenticidad de lo salvaje representa, a grandes rasgos, la reclusión de los privilegiados en-la-felicidad. Dicha felicidad nace del no-contacto con el otro.

En el segundo capítulo Teme a tu vecino como a Ti mismo, Žižek cuestiona el rol que juego el miedo político en la vida social de los ciudadanos comunes. Nuestro filósofo enfatiza:

“Con la administración especializada, despolitizada y socialmente objetiva, y con lo coordinación de intereses como nivel cero de la política, el único modo de introducir la pasión en este campo, de movilizar activamente a la gente, es haciendo uso del miedo, constituyente básico de la subjetividad actual. Por esta razón, la biopolítica es en última instancia una política de miedo que se centra en defenderse del acoso o de la victimización potenciales” (ibid: 56).

De esta manera y en expresa sintonía con otros autores (Beck, 2006) (Castel, 2006) (Robin, 2009), Žižek considera que la escalada de miedo de las últimas décadas se corresponde con un intento de movilización fundamental del ser-político. La biopolítica de la postmodernidad se caracteriza por dos subtipos ideales. Por un lado, tenemos a personas quienes son despojados de todos sus derechos ya sea prisioneros acusados de actos terroristas o las víctimas del holocausto, en segunda instancia, nos topamos con el “yo narcisista victimizado” del ciudadano ordinario expuesto a una incesante cadena de amenazas y peligros. La exacerbación en la vulnerabilidad contrasta con el respeto por el “otro” precisamente por no ser invasivo, por no ser verdaderamente un “otro”. El hombre es presa de su ilusión ética, admite Žižek. ¿Pero qué significa realmente esta frase?

El Problema del Lenguaje en Žižek

El 11 de septiembre como evento marcó el principio y el final de un tiempo; los medios masivos de comunicación una y otra vez difundían las terribles imágenes del colapso de ambas torres por todo el mundo como si estuviéramos frente a un programa de entretenimiento. Sin embargo, pocos o casi ningún actor mediático cuestionó realmente ¿porqué los perpetradores de 11/09 eran peores criminales que Kissinger cuando ordenó el bombardeo a Camboya que causó miles de víctimas? La historia autobiográfica construida por sí-mismo es una ilusión, la verdad ético-moral se encuentra en los actos. Los actos de tortura y violencia de los cuales a diario somos testigos son neutralizados, suspendidos por medio de una “denegación fetichista”, la cual hace referencia a la no asunción completa de las consecuencias de mis actos, “lo sé, pero no quiero saber que lo sé, entonces no lo sé”. Esta indiferencia universalizada al dolor humano del-otro se explica por medio de la imposición cristiana de la fe. Según Žižek, si partimos del supuesto que el cristianismo es una religión que hermana a todos los hombres, entonces aquellos hombres no hermanados por el cristianismo pueden no ser considerados hombres. Si, por otro lado, el cristianismo como movimiento religioso se jacta de quebrar el etnocentrismo judío “al considerarse el pueblo elegido” y abrazar a toda la humanidad, el acto inverso implicaría que quienes nieguen a Cristo pueden ser denominados sub o no-humanos con toda tranquilidad.

Siguiendo el desarrollo de Žižek podríamos, entonces, confirmar que “toda universalidad es estrictamente incompatible con la construcción del prójimo”. Los medios masivos de comunicación y la globalización acercan a “un-otro” que a veces no es deseado. Ello no sólo genera un aumento del conflicto inter-étnico porque no se respetan las barreras simbólicas necesarias de identidad, sino que infiere o despierta un insondable terror. El terror a la cercanía del otro. En este sentido, el mandamiento cristiano “ama a tu prójimo como a ti mismo”, se transforma en “teme a tu prójimo como a ti mismo”.

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Autor: Maximiliano E. Korstanje

Referencias

Beck, U. (2006). La Sociedad del Riesgo: hacia una nueva modernidad. Buenos Aires, Paidos.

Castel, R. (2006). La Inseguridad social: ¿Qué es estar protegido?. Buenos Aires, El Manantial.

Cortina, A. (2002). Por Una Ética del Consumo. Santa Fe de Bogotá, Taurus.

Corva, D. (2009). “Bio-power and the Militarization of the Police Function”. ACME, an International E Journal for Critical Geographies. Vol. 8 (2): 161-175.

Fernández-Montt, R. y Korstanje, M. (2010). “El Discurso Nacionalista en la Tragedia. Evaluación expost terremoto del 27/02”. Sincronía. A Journal for the Humanities and Social Sciences. Spring Issue. Universidad de Guadalajara, Mexico.

Foucault, M. (2001). Defender la Sociedad. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.

Michel, F. (2006). Seguridad, Territorio, Población. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica

Heidegger, M. (1997). El Ser y el Tiempo. Santiago, Editorial Universitaria Robin, C. (2009). El Miedo: historia de una idea política. México, Fondo de Cultura Económica.

Zizek, S. (2007). “Why Heidegger made the right Step in 1933”. International Journal of Zizek Studies. Vol. 1 (4): 1-40.

Zizek, S. (2008). “El Espectro de la Ideología”. En Ideología, Zizek, S (Compilador). Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica. Pp. 7-42.

Zizek, S. (2009). Sobre la Violencia: Seis Reflexiones Marginales. Buenos Aires, Paidos.

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